La gestión emocional

La gestión emocional

Que la inteligencia emocional es un pilar básico en el desarrollo del ser humano, cada vez lo tenemos más claro. No lo digo yo (que también) sino la infinidad de estudios que se han hecho sobre el tema. Ya sabes que sin emoción no hay aprendizaje.

Yo llevo años trabajando mi propia gestión emocional porque, como a muchas de las que me leéis, me enseñaron que las emociones y sentimientos desagradables hay que esconderlos, no hay que escucharlos ni dejarlos salir.

Las emociones forman parte de nuestras vidas, de nuestro día a día. Aprender a controlarlas, gestionarlas y utilizarlas de forma adecuada, nos permitirá afrontar la vida de un modo mucho más eficiente.

Es importante tener muy presente que antes de intentar educar a nuestros hijos e hijas en una buena inteligencia emocional, es necesario que nosotros seamos capaces de reconocer nuestras emociones. Es decir, si no sabemos gestionar nuestras propias emociones, no podemos pretender que lo hagan nuestros hijos, ya que somos el espejo en el que se miran y aprenderán lo que vean.

Así, una buena Educación Emocional parte de la base de unos educadores emocionalmente inteligentes, capaces de reconocer y expresar sus emociones, y las emociones de sus educandos. Necesitamos ser capaces de empatizar y gestionar tanto sus emociones como la de nuestros hijos. ASÍ QUE OS TOCA PONEROS LAS PILAS.

Es importante transmitir a los niños y niñas que nosotros también sentimos las emociones. Como educadores, muchas veces tendemos, de forma natural, a imponer a nuestros hijos nuestras propias emociones y percepciones.

EJEMPLO:

Hijo: NO me gusta el nuevo bebé!

Madre: No digas tonterías, en el fondo sabes que lo quieres.

El objetivo de la gestión emocional es el desarrollo de competencias emocionales que ayudan a formar una personalidad integral del individuo desarrollando sus propias capacidades y habilidades.

Así, si queremos trabajar las emociones con nuestros hijos y desarrollar su inteligencia emocional, hay 5 principios básicos que deben instalarse en nuestra mente desde YA:

  1. Escuchar a nuestros hijos sin juzgarlos. En muchas ocasiones, en vez de escucharlos y acompañarlos en sus sentimientos y emociones, lo que hacemos es ofrecerles una solución a sus problemas, restar importancia a lo que nos cuentan o, incluso, decirles que está bien o mal sentir lo que sienten.

Se trata de hacer preguntas sin ofrecer soluciones, sólo con la intención de obtener información y saber lo que sucede. Analizar las situaciones sin emitir juicios ni dar soluciones.

  1. Aprender de los errores. ¿Cuántas veces le hemos dicho a nuestro hijo “así no”, “ya lo hago yo que tú no sabes”…? Con estas afirmaciones lo que conseguimos es frenar su motivación por aprender por miedo a equivocarse, a hacerlo mal.

Respetando este principio conseguiremos mostrarles que si no son capaces de hacerlo todavía, es porque no han descubierto cómo hacerlo, lo que les llevará a buscar el aprendizaje de esa equivocación para encontrar la forma de hacerlo.

  1. Permitir la expresión de emociones en casa. Aunque está claro que éste sería el principio básico de la Gestión Emocional, seguimos sin ponerlo en práctica. ¿Por qué? Probablemente porque no sabemos gestionar nuestras propias emociones y, además, tenemos muy enraizado que las emociones desagradables son malas.

Las emociones no se pueden evitar, ni elegir. Son señales que nos envía nuestro cuerpo para movernos a actuar.

Las consecuencias negativas de ignorar nuestras emociones son muy parecidas a las que ocurrirían si ignorásemos el hambre o la sed, así que es hora de tomar conciencia.

  1. Cada persona es única. Y, por lo tanto, cada uno de nuestros hijos. Con esto quiero decir que, aunque parece un concepto muy obvio, la realidad es que la mayoría de las veces los padres caemos en la tentación de comparar un hijo con otro o de actuar de igual forma con todos nuestros hijos.

Si queremos conseguir llegar de forma efectiva a alguien, debemos adaptarnos a esa persona, con sus particularidades.

  1. Conviértete en su ejemplo.¿Das un portazo cuando te enfadas? ¡Cómo pretendes que él no lo haga con el tiempo! Tú eres su mayor referente en la vida. Tenlo en cuenta porque igual que copian lo “malo”, reproducirán lo “bueno”.

¿Cómo lo ves? ¿Cómo llevas tu gestión emocional? ¿Validáis y respetáis las emociones en casa?

Si necesitas un recurso con el que trabajar las emociones puedes adquirir mis tarjetas ¿CÓMO ME SIENTO HOY? Con las que pretendo ayudarte a conocer mejor tus emociones y las de tus hijos, permitiéndoos, además, pasar ratos agradable en familia.

Un abrazo fuerte,

Raquel.

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