PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

 

¡Hoy por fin vuelvo al blog! Entre el parón navideño y que un par de semanas antes de Navidad estaba realmente desbordada y no me dio la vida, hacía ya un mes que no me pasaba por aquí.

Acabamos de despedir el 2017 y quien más quien menos ha dedicado un rato a hacer balance y marcarse unos propósitos para este recién estrenado 2018. ¿Qué tal ha resultado el balance del año que terminamos? ¿Te has marcado muchos propósitos? ¿Son realistas? Mejor pocos pero que podamos cumplirlos que muchos que luego se queden en agua de borrajas.

Los propósitos, desde mi punto de vista, lejos de ser algo material (y con esto no quiero decir que no puedas marcarte un objetivo material, pero es eso, un objetivo, no un propósito) deberían ser esas ideas que tenemos en mente, esas cosas que nos gustaría cambiar o trabajar un poco más en ellas para que nos permitieran mejorar en algún aspecto de nuestra vida ¿entiendes a qué me refiero?

Los propósitos pueden ser tan diversos como personas somos en el mundo, cada uno necesitará cosas diferentes según sea el momento en el que se encuentre, pero hoy vengo a hablarte de uno de esos propósitos que muchos progenitores me comentáis a menudo: mejorar la relación con los hijos o el bienestar familiar.

Para ello te traigo una serie de propuestas que puedes utilizar en casa y poner en práctica desde hoy mismo, ¡verás cómo cambia la cosa en unos días! Vamos a ello:

1. Sé firme y amable al mismo tiempo. Con firmeza no me refiero a que te líes a pegar gritos o castigar a tus hijos. Eso no es ser firme.

2. Distrae y redirige. Si tus hijos son pequeños, una buena opción puede ser distraerle, ya que aún no es capaz de entender ciertas cosas.

3. Evita el NO. Si lo piensas, nos pasamos el día diciéndoles a los niños lo que NO pueden hacer y eso cansa a cualquiera, con lo que tenemos pollo asegurado o, en el caso contrario, lo que conseguiremos es que nuestro hijo pierda toda iniciativa. Céntrate en decirle lo que SÍ puede hacer. En lugar de decirle “No pintes la pared” dile “Si te apetece pintar podemos hacerlo en este cuaderno”.

4. Fomenta el esfuerzo. Tenemos una tendencia muy grande a centrarnos en los resultados. Céntrate en la iniciativa, el esfuerzo, la mejora…Hazle ver que eso es lo importante.

5. Incluye rutinas. Crea con tus hijos (no tú sola ni con tu pareja) rutinas para que sepan en todo momento lo que hay que hacer. Además de darle seguridad evita muchos conflictos ya que al haber participado en su establecimiento, se muestran mucho más colaborativos.

6. Ponte sus gafas. Sé empática. Intenta ver la situación desde SU realidad y acepta que puede sentir o ver la situación de forma muy diferente a como lo haces tú.

7. Ofrece opciones limitadas. Deja que tu hijo elija, por ejemplo, su ropa, pero dentro de dos o tres opciones. De esta forma fomentas su autonomía, su capacidad para tomar decisiones, la confianza en sí mismo, el saberse valorado y tenido en cuenta y, vuestra relación.

8. Escucha de forma activa. Cuando tu hijo te hable olvídate de lo demás. Préstale atención. No le interrumpas y escucha hasta el final de forma reflexiva. Cuando termine utiliza el feedback para asegurarte de que has entendido bien.

9. Invita a la cooperación y/o pide ayuda. ¿Verdad que tú haces las cosas de mucha mejor gana si te las piden por favor o te invitan a colaborar que si te las imponen? Pues tus hijos igual. Los niños son muy empáticos y siempre están dispuestos, sólo hay que saber pedirles las cosas.

10. Hazlo con ellos, no por ellos. No les hacemos, ni a ellos ni a nosotros, ningún favor haciendo las cosas por ellos, sacándoles las castañas del fuego. Cuando les cueste hacer algo, ofrece la posibilidad de hacerlo juntos, pero no seas tú quien lo haga.

11. Dedícales tiempo especial. Nada le gusta más a un niño que saberse especial y querido por las personas que más quiere. Aunque en la vorágine del día a día resulta complicado, establece este punto como una prioridad. Cambiará de forma radical vuestra relación.

12. Practica el autocuidado. Por último, pero no menos importante, te invito a que practiques el autocuidado. De hecho, creo que debería ser el primer punto que pongas en práctica. Si tú no estás bien, es imposible que la relación con tus hijos vaya como deseas, porque si estamos agotadas, estresadas o sin tiempo para nosotras, va a repercutir directamente en cómo nos dirijamos a los niños. Si estamos tranquilas, manejaremos mejor los momentos de conflicto que si estamos de los nervios.

Y hasta aquí por hoy. Ya tienes por dónde empezar si  mejorar el bienestar familiar está entre tus propósitos de este año. Y para que te resulte más fácil, me he liado la manta a la cabeza y te he preparado una infografía con estas mismas herramientas para que la imprimas y puedas ponerla en un lugar bien visible, de forma que tengas siempre a mano la lista y vayas interiorizándolas hasta que te salgan de forma natural. No lo dejes ni desistas si te resulta complicado, es cuestión de práctica. Tampoco pierdas de vista tu objetivo que con tu esfuerzo y estas herramientas puedes conseguir ese tan ansiado bienestar familiar, porque si los padres estamos felices, los niños lo están y viceversa, es algo que se contagia, al igual que cuando estamos mal, ellos también están mal. Por ello es tan importante llenarnos de herramientas que nos permitan mejorar nuestras habilidades como padres.

Si te gustan estas herramientas y quieres más, pásate por la web que seguro encuentras lo que buscas.

Si te ha gustado lo que has leído o si crees que puede ser útil a alguien ya sabes, comparte y comenta sin dudarlo, te lo agradeceré enormemente.

¡Nos vemos por las redes!

Un abrazo,

Raquel.

 

2 Comentarios
  • Vanessa Ojeda
    Publicado a las 15:42h, 06 enero Responder

    Gràcies pel mapa de ruta. 😉

    • Raquel Ripoll
      Publicado a las 18:17h, 07 enero Responder

      Esper que vos sigui d’utilitat 😉

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