MI HIJO SÓLO QUIERE JUGAR

Hace unos días publicaba en Instagram un pequeño post referente al juego infantil que os hizo reflexionar y me habéis escrito tanto por mail como por privado preguntándome sobre el tema, por eso he decidido hacer esta entrada.

Muchos padres y madres, cuando llegáis a mí, os quejáis de que vuestro hijo no quiere hacer nada, no colabora en casa,  ni quiere acompañaros a ningún lado. Os quejáis de que lo único que quiere hacer es jugar.

Hoy en día estamos mal acostumbrados y tendemos a ver el juego infantil como tiempo de ocio, cuando la realidad es que cumple diferentes funciones en la vida del niño por lo que es importante tenerlo muy en cuenta.

Si observamos a nuestro hijo, veremos que durante el juego satisface, como mínimo, dos necesidades: la de movimiento y la de acción. Además, es a través del juego, que nuestro hijo empieza a descubrir el mundo. Desde bien pequeño, el juego le aporta conocimientos y experiencias que le ayudan a la comprensión del mundo que le rodea. Descubre las propiedades de las cosas que tiene a su alrededor: para qué sirven, su tacto, su peso, su olor… Todo eso al mismo tiempo que aprende a superar obstáculos y dificultades. Por todo ello, si observamos a los niños veremos que juegan siempre que pueden. De hecho, si nos detenemos a observarle, veremos que hasta que empieza el colegio, un niño pasa gran parte de su tiempo jugando.

A medida que van creciendo, dedican menos tiempo al juego, pero no porque no les guste jugar, si no porque el colegio les quita tiempo para ello. Por eso es tan importante que en preescolar se centren en el juego en lugar de en las fichas, de igual forma que no los atiborremos de extraescolares y puedan jugar después de la escuela.

Como ves, el juego no es sólo “un juego de niños”, sino una actividad estimulante y necesaria para el desarrollo de nuestro hijo. El juego es el trabajo de la infancia y de él depende, en cierta medida, su desarrollo mental y físico.

A pesar de ello, no vayas a pensar que tu hijo juega porque sepa que el juego es útil, no. Él juega porque le gusta, porque se entretiene, porque satisface sus deseos y porque le hace feliz. Es algo que le sale de dentro, que satisface una motivación interna que le impulsa a cubrir una necesidad de movimiento, de descubrir o dominar algo. Su contenido y sus efectos son inseparables de las motivaciones interiores que lo han originado.

Es por esta razón que se hace tanto hincapié en la necesidad de NO INTERVENCIÓN por parte del adulto. Aunque nos cueste, debemos limitarnos a observar, no hace falta que le digamos que juegue ni cómo hacerlo, y si nos pide que juguemos con él, dejar que sea nuestro hijo quien nos dirija. Nosotros ni dirigiremos el juego ni le diremos al niño que juegue. De lo contrario, corremos el peligro de convertir esa actividad en algo monótono, disminuyendo y limitando su actividad de juego y el campo de descubrimiento.

PERO ENTONCES, ¿CUALQUIER JUEGO VALE?

No. Rotundamente no. Si queremos que un juguete sirva adecuadamente para favorecer el desarrollo del niño, una regla es básica: CUANTO MENOS HAGA EL JUGUETE, MÁS HARÁ EL NIÑO. Esto quiere decir que todo lo que sean materiales no estructurados son geniales para ofrecer a los niños y les permiten volcarse en el juego con toda su energía. ¿Cuántas cosas puede ser un palo? Una espada, una varita, una flecha, una pasarela…en cambio si le damos una espada, sólo es una espada. ¿Entiendes por dónde va la cosa? ¿Acaso nunca has dicho: con todo lo que tiene y juega con un palo? Precisamente porque lo que más les gusta y necesitan para cubrir todas esas necesidades de las que te hablaba antes, son los materiales desestructurados.

VALE, ESO ESTÁ MUY BIEN, PERO QUEREMOS REGALARLE UN JUGUETE.

En ese caso intenta que sean juguetes realizados con materiales naturales como la madera, la lana, metales…e intenta evitar plásticos, luces y sonidos. Piensa que esos juguetes tan llamativos lo hacen prácticamente todo dejando al niño como un  mero espectador, con lo que, en ese caso, el juego no cumple con su verdadera función y no produce aprendizajes significativos en tu hijo.

Como dije el otro día, ten en cuenta que el juego libre es el trabajo de los niños y es a través de ese juego que los niños aprenden, investigan y descubren el mundo que les rodea. Respeta el juego de los niños. No interrumpas ni interfieras en él. No intentes controlarlo.
Con esto no te digo que no juegues con tus hijos, sólo que les dejes que sean ellos los que dirijan el juego.

Y tú, ¿interfieres en el juego de tus hijos? ¿Les dices cómo tienen que jugar? ¿Qué tipo de juguetes tenéis en casa?

Si te ha gustado lo que has leído o si crees que puede ser útil a alguien ya sabes, comparte y comenta sin dudarlo, te lo agradeceré enormemente.

¡Nos vemos por las redes!

Un abrazo,

Raquel.

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