¿FOMENTAMOS LA AUTOESTIMA EN NUESTROS HIJOS?

Esta semana quiero hablaros de autoestima. De esa palabra que tanto se usa pero que muchas veces descuidamos en nuestro día a día. De ese concepto que todos sabemos que debemos mimar pero al que dañamos sin darnos cuenta. De ese término que marcará para siempre el desarrollo de nuestros hijos

Por definición, la autoestima consiste en aquello que sentimos y pensamos que somos. La imagen que tenemos de nosotros mismos. Se trata de un juicio sobre nuestras competencias y valía personal. Son, nada más y nada menos, aquellos sentimientos, tanto favorables como desfavorables, que sentimos según sea la valoración que hacemos de nuestras características personales.

La autoestima es el elemento clave que define nuestra actitud, nuestro comportamiento y nuestra respuesta emocional,  y depende del concepto que tengamos del yo ideal y del yo real por lo que es importante intentar ser realistas e ir cambiando lo que no nos gusta.

La autoestima empieza a formarse desde que somos bebés, experimentando desde bien pequeños un sentimiento de logro cuando aprendemos a hacer algo nuevo que refuerza nuestra autoestima pensando que “puedo hacerlo” como cuando un bebé aprende a sentarse después de un montón de intentos fallidos.

La implicación de los padres es básica para que los niños desarrollen una autoestima sana y verdadera porque a través de las interacciones que tenemos con ellos, y su perseverancia en intentar hacer algo en lo que fracasan una y otra vez hasta que lo logran, hacen que se formen ideas sobre sus propias capacidades.

Otra forma en que se define la autoestima es en si nos sentimos amados. Así, por muy feliz que sea un niño al conseguir algo, si no se siente querido puede experimentar una baja autoestima y viceversa, un niño que se siente amado pero duda de sus capacidades también acabará sintiendo baja autoestima.

Visto de esta forma, metafóricamente hablando, la autoestima sana es aquella armadura que nos protege frente a los desafíos de la vida. De ahí su importancia en el desarrollo de una persona. Los niños con una sana autoestima son capaces de resolver conflictos de una forma más eficaz y tienden a ser más felices siendo, por lo general, personas optimistas.

En cambio, si nuestros hijos desarrollan una baja autoestima, suelen sufrir ansiedad y frustración ante los avatares de la vida, resultándoles complicado encontrar soluciones a los problemas y convirtiéndose en personas pasivas, retraídas y deprimidas. En sus pensamientos siempre está el “no puedo”, “no soy lo suficientemente bueno” o “no hago nada bien”.

¿CÓMO LES AYUDAMOS A TENER UNA SANA AUTOESTIMA?

  • Ofrece amor incondicional. Quiérele. Abrázale. Bésale. Dile y demuéstrale lo mucho que le quieres haga lo que haga, especialmente en los momentos malos. Es importante para la autoestima de un niño que tenga muy claro que le quieres pase lo que pase. Recuerda aquella frase que dice “Quiéreme cuando menos lo merezca porque es cuando más lo necesito”. Si tienes que llamarle la atención por algo que no te gusta o te molesta céntrate en el comportamiento concreto, no generalices. En lugar de decirle que es un niño malo, dile que no está bien pegar a fulanito, que puede hacerle daño.
  • Dedícale tiempo en exclusiva. Asegúrate de reservar un tiempo para tu hijo en el que poderle dedicar toda tu atención. Sin hermanos, pantallas ni otras distracciones. De esta forma sabrá que es valioso e importante para ti. Pueden ser cosas como merendar juntos, ir a pasear al perro, o daros un baño juntos. Lo importante es que estéis el uno por el otro sin interferencias.
  • Fomenta su autonomía. Permite que tomen pequeñas decisiones. De esta forma se sienten respetados y tenidos en cuenta. Por ejemplo: déjale decidir qué ropa ponerse, permite que te ayude a tender y recoger la ropa, que se prepare su merienda…
  • No le compares con nadie. Las comparaciones son odiosas, y si se trata de niños más todavía. No le compares con nadie, ni hermanos, ni amigos ni adultos. Si le comparas y sale perjudicado, sufrirá por ello, y si, por el contrario, le comparas diciéndole que es mejor que otro, será ese otro el que sufra.
  • Céntrate en el esfuerzo, no en el resultado. El ejemplo más claro son las notas: olvídate de si saca un notable o un excelente, valora el esfuerzo que ha realizado y su constancia en el estudio.
  • Celebra lo positivo. Valora lo que te gusta de tu hijo, pero hazlo de forma concreta. En lugar de decirle “eres muy ordenado”, dile “me gusta que hayas recogido los juguetes cuando has terminado de usarlos”.
  • Valida sus emociones. Olvida todas esas frases y creencias que tenemos arraigadas en nuestra cabeza sobre que las emociones negativas hay que obviarlas o esconderlas. Si llora porque se ha hecho daño, será porque se lo ha hecho de verdad. Dale la importancia que tiene y no le digas cosas como “no llores, no pasa nada”.

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”

-Jean-Jacques Rousseau-

Hasta aquí algunas formas de fomentar una sana autoestima en los niños. Espero que os hayan ayudado en algo. Gracias por leerme y, ya sabéis que si compartís, le dais al “me gusta” o me dejáis vuestros comentarios os estaré muy agradecida.

Un abrazo,

Raquel.

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